(Por: Rubén Lasagno) – La falsa reacción del Secretario del Sindicato de Comercio en Santa Cruz Claudio Silva ante el cierre del Carrefour en Río Gallegos y el despido de más de 30 empleados constituye la claudicación del rol histórico del sindicalismo.
El representante de los empleados de comercio en Río Gallegos ha asumido la contingencia desde una postura de total resignación “Estamos aguantando” dijo en un medio de la ciudad que lo entrevistó. Al no abrir juicio contra la estrategia de achique global de Carrefour, no movilizarse por las formas violentas del cierre y mostrarse impotente ante el caso de la trabajadora de 50 años a punto de jubilarse y que fue despedida, el sindicato demuestra que ha aceptado que el capital dicte las reglas de manera unilateral, limitando su función a garantizar que las indemnizaciones se paguen a término.
De esta manera no tengo dudas de que evidentemente la postura del gremio de Comercio no es la de resistir los despidos, sino la de administrar los daños y conformarse con el cumplimiento básico de las obligaciones indemnizatorias.
Me he tomado el trabajo de analizar la intervención de Claudio Silva (Secretario General del SEC) ni bien se conocieron los despidos y el dirigente se destaca por una marcada actitud de asimilar el despido como un “hecho consumado e irreversible”, que lo muestra al dirigente carente de cualquier espíritu de confrontación o resistencia con la patronal; por eso en la nota de este artículo lo comparo al funcionamiento de una oficina de RRHH de Carrefour, más que a un sindicalista con la obligación de reclamar, exigir, protestar, rebelarse
El método utilizado por Carrefour fue descrito como “intempestivo” y “brutal“: persianas bajas, directivos de Buenos Aires y un escribano con telegramas, negándole a los empleados siquiera la posibilidad de ingresar. Frente a esta violencia institucional, la respuesta del gremio en las primeras 24 horas fue alarmantemente tibia.
No se anunciaron asambleas, paros, movilizaciones ni tomas pacíficas, medidas históricamente habituales de cualquier sindicato frente a despidos masivos sin previo aviso.
¿Qué pasa con las defensas corporativas?
Silva cuestionó las formas, pero no el fondo. Su declaración inicial fue“Si te dicen que dentro de dos meses te van a despedir, no te va a gustar, pero lo podés asimilar y preparar de otra manera”; esto demuestra que el sindicato acepta el despido como una potestad incuestionable de la empresa. Su única queja es que no les dieron tiempo psicológico para “asimilarlo”, eximiendo a la multinacional de cualquier responsabilidad social.
Una de las posturas más llamativas del representante sindical es el conformismo que mostró ante “el mal menor” transformando un despido masivo injustificado en un “logro” por el simple hecho de que la empresa cumple con la ley vigente. “Dentro de todo lo feo, es una noticia que no te apliquen la reforma [laboral]” dijo el dirigente.
Silva se posicionó desde el alivio porque las liquidaciones se pagarán con la ley antigua, al 100% y en un solo pago.
El sindicato, por lo tanto, asume aquí un rol de “liquidador” o “gestor contable” en lugar de defender los puestos de trabajo. Celebra que la empresa pague lo que legalmente corresponde como si fuera una concesión generosa.
El caso de la mujer que estaba a poco jubilarse, es quizás el punto de mayor insensibilidad que refleja el accionar gremial. Despedir a una persona a un año de su jubilación implica dejarla fuera del mercado laboral en una edad donde la reinserción es casi nula, afectando directamente su futuro previsional.
En lugar de utilizar este caso como una bandera ética y legal para frenar los despidos o exigir una excepción obligatoria, ya sea mediante cautelares o presión sindical fuerte, el Secretario General en las primeras horas de conocido el despido, en declaraciones públicas se limitó a un tibio lamento: “Podrían haber hecho otra cosa” (¿?), yo le respondería. “Ustedes desde el gremio, también”.
El dirigente solo adelantó que van a “plantear ante la empresa la revisión del caso“, una frase de compromiso que no asegura ningún amparo real para una trabajadora en situación de vulnerabilidad extrema.
Vocero de la tranquilidad empresaria
Lejos de generar un frente de conflicto hacia la patronal, el líder sindical ha actuado casi como un relacionista público de la multinacional para evitar el pánico en la ciudad pues se ha encargado de “llevar tranquilidad” anunciando que el hipermercado de la calle Asturias seguirá operando.
En este sentido el dirigente ha Justificado la decisión empresarial explicando los “balances positivos” y las “exigencias de facturación de la casa matriz“, adoptando la terminología corporativa muy precisa, en lugar de hacerlo desde la perspectiva de los trabajadores.
Más allá de algunas acciones y declaraciones de las últimas horas, por parte de Claudio Silva, la reacción inicial del gremio fue altamente cuestionada por los empleados despedidos y por lo cuales el sindicato de Comercio, entidad a la cual le pagan mensualmente para tener cobertura laboral y de sus derechos, no ha mostrado una reacción en favor de ellos, sino más bien y como lo he resaltado en este informe y en base a las declaraciones del propio Silva, tras el despido de 30 familias el gremio solo se quejó de las formas, asumiendo los despidos “naturalmente” mostrando un conformismo preocupante ante semejante realidad y con una resignación de su dirigencia que solo se contenta con que la empresa respete la ley.
Por eso digo que el gremio está actuando mediáticamente como vocero de Carrefour, constituyendo una verdadera claudicación soltándole la mano a los trabajadores para garantizar la “paz social” de la propia emprensa.
La respuesta del Sindicato de Comercio ante sus afiliados es vergonzosa, demuestra impotencia o complicidad, especialmente ante la empleada de 59 años que no ha sido defendida y por el contrario, han mirado para otro lado, solo lamentándose por la situación, cuando todos sabemos que alguien de esa edad y a un año de jubilarse, no es tomado por ningún comercio y menos en las actuales condiciones económicas que vive la ciudad con cierres sistemáticos de comercios todas las semanas.
Una reacción tardía fue la de hacer gestiones para que esta mujer termine de cumplir su tiempo laboral en la sucursal Carrefour de la autovía, pero esa no es una solución gremial para los afiliados, que religiosamente pagan su cápita para ser defendido por la entidad gremial como habitualmente sucede en estas crisis y graves controversias entre los trabajadores y la patronal.
La actitud de la dirigencia del gremio de Comercio, la cual se ha caracterizado por negociaciones de escritorio, sin marchas, ni protestas públicas, ha dejado entrever que su relación con (en este caso) el Carrefour es lo suficientemente fuerte como para mitigar los reclamos, endurecer el proceso y pelear por los empleados que deben defender y no a la empresa multinacional a la que terminan “entendiendo” que toma una medida, por los problemas económicos que enfrentan. (Agencia OPI Santa Cruz)